Stolkiner, Alicia. Tiempos “posmodernos”: ajuste y salud mental. En: Saidon, Osvaldo; Troianovski, Pablo. Políticas en salud mental. Buenos Aires: Lugar Editorial; 1994. p 25-53.

Objetivo : Formular hipótesis e interrogantes sobre los procesos subjetivos y sus manifestaciones en la salud mental condicionados por las actuales transformaciones económicas, sociales y culturales en países de Latinoamérica.

Metodología : Análisis histórico sociológico.

Resultados : La autora revisa los efectos de la crisis de los años setenta, llamada también por algunos crisis del Fordismo, del sistema capitalista y de la política internacional de control político y económico de EEUU sobre Latinoamérica que llevaron a transformaciones económicas, sociales y culturales y cambios de la subjetividad y vidas particulares de las personas.

En su análisis considera tres delimitaciones metodológicas de la articulación sujeto / sociedad: lo económico, las formas institucionales y lo cotidiano. Lo económico es inseparable de lo político y está integrado a la subjetividad de los sujetos. La concentración económica, transnacionalización de capitales, globalización de la información sumados a los procesos de ajuste estructural impuesto a nuestros países conducen a una fragmentación y polarización social. Junto a la reducida población con un alto nivel de consumo, un importante sector de la sociedad ha sido marginalizado sobreviviendo al límite. El desempleo y los trabajos precarios así como los desplazamientos migratorios masivos afectan a la familia y otras formas no laborales de relación. Los “ problemas psicológicos” aumentan en los desempleados y en los que están en riesgo de perder su empleo, hay aumento de consumo de psicofármacos y subjetivamente un sentimiento de pérdida de control sobre su propio destino. Los sectores sociales más integrados quedan en una situación de soledad relacional, los espacios públicos se restringen y amplias zonas de las ciudades son vividas como peligrosas. Se exalta un neo-individualismo consumista pero al mismo se homogenizan las personas a través de los medios de comunicación. Esto aumenta la demanda a los servicios de salud mental que continúan utilizando categorías psicopatológicas convencionales sin incluir esta dimensión económico social.

La organización familiar se ha modificado particularmente en los sectores pobres en que la mujer, incorporada a trabajos precarios y salario escaso, ocupa el lugar principal relegando al hombre a una posición periférica. La necesidad de subsistencia restringe los intercambios familiares y disminuye la capacidad de cuidados mutuos y de acogida para los miembros más vulnerables, niños, ancianos y enfermos. Esta ruptura de lazos solidarios en la sociedad da origen a nuevas formas organizativas en la marginalidad, precarias y vulnerables con carácter protector. En América Latina el alcoholismo, abuso de drogas ilícitas, psicofármacos hacen parte de intereses económicos de enorme magnitud y en las poblaciones jóvenes parecen constituir circuitos sustitutos a la carencia de futuro, de posibilidades y de espacios de participación.

Conclusiones: La propuesta contrahegemónica tiene como base la defensa del derecho a la salud y del salario social. El sector público que el Estado debe garantizar debe reducir las barreras de accesibilidad a los servicios de salud promoviendo la participación de las comunidades, creación de redes y su protagonismo en una relación mas horizontal de todos los actores.

Las prácticas en salud mental deben integrarse a las prácticas de los servicios de salud generales en que los programas preventivos y comunitarios ayuden y reconozcan las formas organizativas espontáneas de los grupos sociales.

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