Objetivos: El artículo tiene como objetivo conocer y hacer operativos a los actores, los modos de construcción de los valores culturales en los múltiples discursos acerca de la diabetes desarrollados por diabetólogos y diabéticos durante la gestión de la enfermedad.
Metodología: Etnográfica.
Resultados: Los autores comprueban que el paciente diagnosticado como diabético, sufre una conmoción en su vida y trata, a partir de ese momento, de hallar un sentido a la transformación de su vida que no sólo abarca a su páncreas enfermo. La enfermedad se le presenta como un hecho social más allá del ambiente médico, que involucra a todas las esferas de su existencia y pone en interacción a actores cada vez más numerosos. El paciente necesita recomponer continuamente un orden alterado por la enfermedad.
Los médicos generalmente centran el problema en la enfermedad biológica o en los cursos para diabéticos en los que los pacientes deberían adquirir el conocimiento acerca de la diabetes. De esta forma se corren del eje de la real comprensión de aquellos valores comunes creados en la interacción entre el paciente y su enfermedad. Esto produce, entonces, la sordera a las normas por la que los enfermos son caracterizados frecuentemente, y los médicos estiman que es la cultura del paciente la que los vuelve transgresores. A su vez, los profesionales son percibidos por los pacientes como doctores que no siempre comprenden los problemas que tenemos.
Los datos de campo permiten sostener que los pacientes diabéticos muy a menudo consideran su diabetes como hecho exterior a sus vidas. Les cuesta confesarse enfermos. Conservan la esperanza de recuperar su salud, una vez pasados los nervios, las desgracias, la mala suerte. Las complicaciones de la diabetes, a veces llamadas deterioros del organismo, son a menudo consideradas como la verdadera enfermedad. La posibilidad del estigma es altamente temida por el diabético que llega a conductas absolutamente opuestas a sus necesidades biológicas con tal de no decirle al otro que es diabético. Los diabéticos expresan de este modo su malestar, a veces su angustia, de no poder actuar como los otros, de no poder adelgazar, trabajar, estudiar, viajar, vivir libremente.
Conclusiones: Los pacientes cuentan lo que sucede en sus vidas cotidianamente. Los diabetólogos escuchan a sus pacientes, pero sólo oyen y trasmiten a su vez, el lenguaje oficialmente construido por los especialistas.
Ambos discursos si desencuentran o colisionan. Aún así se va creandoad infinitumuna cultura común que los actores no logran reconocer como un producto que les pertenece y se les pierde en una brecha comunicacional que no pueden salvar.
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